Aneurismas de la arteria aorta.

Los aneurismas de la arteria aorta son una dilatación anormal de una zona de su pared. Mientras que en una persona joven el diámetro normal de la aorta suele ser de unos 2 cm, con la edad suele aumentar y se considerará aneurisma si llega a los 3 cm.

Estas afecciones son más habituales en hombres, a los que a partir de los 55 años, afectan a un dos por ciento, que en las mujeres.

La arteria aorta es la mayor de nuestro cuerpo. Sale del ventrículo izquierdo del corazón y después de seguir un corto trayecto hacia arriba, describe un arco para descender por el tórax hasta la parte baja del abdomen. Ahí se divide en dos ramas, una para cada pierna.

La mayoría de las aneurismas se localizan en el abdomen y sólo un diez porciento en el tórax.

La causa de las aneurismas, es que la pared de la aorta se dilata en una zona débil, casi siempre por la degeneración debida al depósito colesterol. Hace años, la sífilis ocasionaba aneurisma en la aorta torácica.

Lo más frecuente es que no exista ningún síntoma, y que las aneurismas de la arteria aorta se descubran casualmente al efectuar una ecografía. No obstante, si sus paredes están calcificadas, se detectan en radiografías.

Cuando el tamaño aumenta, en ocasiones, causan molestias en la parte media del abdomen que se irradian a la espalda. En la zona torácica, a veces, causan un dolor detrás del esternón o en el cuello y, si llegan a comprimir alguna estructura vecina, pueden aparecer respiración ruidosa, ahogo, tos de timbre metálico o ronquera.

Su ruptura causa un fuerte dolor y el descenso brusco de la presión arterial.

Tienen tendencia a ir aumentando de tamaño, por tanto, es posible su rotura provocando una hemorragia, la cual puede causar la muerte repentina.

Otro tipo de complicaciones son la coagulación de la sangre en su interior, causando una trombosis, y pudiendo desprenderse un coágulo, que puede circular hasta atascarse en una arteria más estrecha, conocido como embolia, y la compresión de nervios o vértebras.

Sólo se puede prevenir su causa principal, la arterioesclerosis, controlando el colesterol, la presión arterial y la diabetes, además de evitando el tabaco.

Como no suelen dar ningún tipo de señal, y es de vital importancia descubrirlos antes de que se rompan, los hombres de 55 a 74 años, sobre todo fumadores, deberían hacerse una ecografía para detectarlos y, en caso de encontrarse, se debe repetir periódicamente para vigilar su crecimiento.

Existe un tratamiento indicado cuando aumenta la posibilidad de rotura, lo que ocurre si la dilatación de su diámetro llega a 5 cm o aumenta 0.5 en seis meses.

Hay dos tipos de operación dependiendo de los casos. En la más sencilla, a través de otra arteria, se introduce en la aorta un tubo especial que sobrepasa el aneurisma por arriba y por abajo, aislándolo de la circulación y haciendo que deje de crecer.

En la otra operación, se extirpa el aneurisma y se unen los dos extremos de la aorta con un injerto.

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