¿Cómo crías a tus hijos?

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Descubre cuál es tu estilo de crianza: ¿autoritario, permisivo, asertivo o negligente?

Tal vez nunca antes te habías planteado cuál es tu estilo de crianza. Algunos padres dicen: “simplemente hago lo que puedo, lo que considero más correcto en cada momento”. Pero lo cierto es que, según los investigadores, cada padre va marcando con sus acciones un estilo de crianza particular, un patrón que se suele repetir en la interacción con el hijo.

La psicóloga Diana Baumrind es quien ha desarrollado una de las teorías más expandidas sobre los estilos de crianza. Esta autora propone tres estilos diferenciados: estilo autoritario, estilo permisivo o indulgente y estilo asertivo o democrático. En posteriores actualizaciones de esta teoría se ha añadido una cuarta categoría: el estilo negligente.

Según esta autora, el estilo de crianza viene determinado por dos ejes fundamentales a la hora de criar a los hijos. El primer eje es el grado de sensibilidad e interés por el pequeño, mientras que el segundo eje es el grado de exigencia y firmeza que se le impone. Combinando ambos ejes, surgen los distintos estilos de crianza que comentaremos posteriormente.

¿Qué es lo que nos lleva a adquirir determinado estilo de crianza?

Uno de los factores que más afectan a nuestra forma de criar es, sin duda, lo que hemos visto en nuestros padres, lo que vivimos en nuestra familia cuando fuimos niños y adolescentes. Casi sin darnos cuenta tendemos a imitar con nuestros hijos lo que nuestros padres hicieron con nosotros. De repente, nos descubrimos a nosotros mismos haciendo aquello que tanto nos fastidiaba, o también, aquello que apreciábamos. Es algo natural, ya que son aprendizajes arraigados, y la mayoría ni siquiera están a nivel consciente, por lo que también son los más difíciles de modificar.

Por el contrario, en ocasiones ocurre que los hijos, totalmente en contra del estilo de crianza de los padres, se rebelan contra éste y hacen con sus hijos totalmente lo opuesto, con la intención de que ellos “no pasen por lo mismo que yo pasé”.  Un ejemplo común es que de algunos padres excesivamente autoritarios salen hijos que, cuando tienen familia, tienen un estilo absolutamente permisivo.

Otros de los factores que influyen en nuestro estilo de crianza son la propia personalidad, la situación familiar actual, las experiencias presentes y pasadas, la cultura, las creencias personales, el conocimiento y la educación sobre cómo tratar a los hijos, entre otras cosas. La circunstancia particular de cada niño y su propio temperamento y carácter también influye de cierto modo en el estilo de crianza que los padres utilizan con él.

Los estilos de crianza

  • Estilo autoritario: el grado de exigencia y firmeza es muy elevado, mientras que la sensibilidad y el interés es reducido. Los padres autoritarios ejercen una supervisión muy fuerte sobre sus hijos, imponen su punto de vista sin argumentación. No suelen mostrarse receptivos a las demandas del hijo, y el nivel de expresión emocional en las familias con padres autoritarios es muy limitado. Los padres autoritarios dan órdenes esperando que éstas sean obedecidas sin cuestionar. Suelen usar expresiones como “porque yo lo digo”, “porque soy tu padre/madre”, “porque es así, y punto”. Las normas están muy claramente establecidas, y la desobediencia es castigada de una forma u otra.
  • Estilo permisivo o indulgente: el grado de sensibilidad e interés es muy alto, pero la exigencia y la firmeza es prácticamente inexistente. Estos padres permiten en sus hijos una serie de comportamientos que otros padres no permitirían. Suelen preferir evitar la confrontación. Son tiernos y brindan apoyo a sus hijos, les cuidan, pero ceden excesivamente a sus demandas. Los límites y los roles se encuentran difusos. No hay consistencia en la aplicación de normas.
  • Estilo asertivo o democrático: tanto la exigencia y la firmeza como la sensibilidad y el interés son elevados, por lo que existe un equilibrio óptimo y deseable. Los padres con un estilo asertivo valoran la independencia de sus hijos. Son más comprensivos que punitivos, son afectuosos, pero no por ello pierden el control, sino que lo ejercen moderadamente. Sus normas y decisiones están acompañadas de argumentos y razones. Utilizan el diálogo y la escucha para llegar a acuerdos con los hijos. La disciplina es moderada, y la comunicación es alta. Los hijos criados de esta manera suelen ser adaptables, seguros de sí mismos, independientes y cooperadores.
  • Estilo negligente: la sensibilidad y el interés es nulo, al igual que la exigencia y la firmeza. No han establecido un compromiso firme con la crianza de los hijos. Los hijos con padres de este tipo tienen permiso para hacer todo lo que deseen, pero no cuentan con el apoyo paterno para hacerlo. En el extremo, estos padres pueden llegar a desentenderse de sus hijos, lo que resulta negligente. Los hijos de padres negligentes son los que suelen tener más problemas en su desarrollo y en su vida adulta, tienen poco control de sus emociones y les resulta complicado formar y mantener relaciones sanas.

¿Se puede modificar y mejorar el estilo de crianza?

Las clasificaciones pueden resultarnos útiles, pero no hay que ser rígidos a la hora de categorizar. Algunos padres no se adaptan bien a ninguno de estos estilos, mientras que otros tienen características mezcladas. Una situación familiar conflictiva puede darse cuando un progenitor tiene un estilo de crianza muy marcado, y el otro progenitor tiene un estilo claramente diferente. En estos casos es complicado establecer una unidad coherente y lógica para el hijo, quien aprende a comportarse de forma diferente según el estilo de cada uno. Esto es algo que a menudo vemos en parejas de padres separados, donde el hijo parece transformarse por completo cuando se relaciona con uno o con el otro.

Sí, es posible modificar y mejorar nuestro estilo personal de crianza para acercarlo lo más posible al estilo asertivo o democrático, el cual ha resultado ser el estilo más eficaz. Es importante aprender cómo hacerlo, por ejemplo acudiendo a una escuela de padres, o a un profesional especializado en familias. Y, por supuesto, algo imprescindible para tener éxito en este proceso es estar dispuestos a invertir tiempo y esfuerzo en ello.

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