Consejos para prevenir, detectar y tratar la depresión infantil

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Es un error creer que la depresión sólo puede darse en adultos, que los niños no tienen problemas “lo suficientemente graves” como para caer en una depresión. Los pequeños también pueden sufrir depresión, aunque sus síntomas son diferentes a los mayores. Los trastornos depresivos infantiles no son problemas pasajeros que desaparecen con el tiempo: es importante dar a los problemas de los niños la importancia que merecen, ya que es una etapa clave en la elaboración de la personalidad y las estrategias de afrontamiento personales de cada uno.

¿Crees que tu hijo pequeño o adolescente puede estar pasando por una depresión? No dudes en acudir a un psicólogo infantil que realice la oportuna valoración de su estado psicológico.

Qué es la depresión infantil

La depresión infantil se define como “un cambio persistente en la conducta de un niño (por lo menos dura dos semanas) caracterizado por un ánimo triste, un descenso de su capacidad de disfrutar de los acontecimientos y una reducción notable de su capacidad de comunicar con los demás. Le resulta difícil rendir como lo hacía antes en sus áreas de competencia (académica, social, lúdica, emocional o afectiva…), mostrando una ejecución muy por debajo de sus posibilidades. A menudo se acompaña de acciones de protesta y rebeldía (acciones conductuales de tipo negativista, ira y agresividad)”.

Principales síntomas de la depresión infantil

Según la edad del niño o del joven, existen matices en el tipo de síntomas que presentan.

Niños menores de 7 años

  • Síntoma más frecuente: ansiedad
  • Irritabilidad, rabietas frecuentes, llanto inmotivado, quejas somáticas (cefaleas, dolores abdominales…), pérdida de interés por los juegos habituales, cansancio excesivo y falta de energía.
  • Alteraciones en el peso: pierden peso o no ganan el adecuado para su edad cronológica
  • Tienen dificultad para reconocer y expresar emociones
  • Pueden presentar retraso motor
  • El trastorno depresivo en niños pequeños a menudo se asocia con otros problemas de ansiedad, fobias escolares, enuresis (micciones involuntarias durante el día o la noche) o encopresis (defecaciones involuntarias generalmente durante la noche).

Niños entre 7 años y edad prepuberal

Los síntomas se presentan fundamentalmente en tres esferas:

  • Esfera afectiva (emocional) y conductual: irritabilidad, agresividad, agitación o inhibición psicomotriz, astenia (sensación de cansancio, fatiga, debilidad física y psicológica). También pueden presentar sensación frecuente de aburrimiento, culpabilidad, y en ocasiones, ideas de muerte.
  • Esfera cognitiva y actividad escolar: baja autoestima, falta de concentración, disminución del rendimiento escolar, fobia escolar, trastornos de conducta en la escuela y en relación con sus iguales.
  • Esfera somática: cefaleas, dolor abdominal, trastornos del control de esfínteres, trastornos del sueño (insomnio o hipersomnia), bajo peso, disminución o aumento anormal del apetito.

Adolescentes

En los adolescentes a menudo aparecen:

  • Conductas negativistas y disociales
  • Abuso de alcohol u otras drogas
  • Hurtos, deseo e intentos de fuga
  • Irritabilidad, Inquietud, mal humor, agresividad
  • Sentimientos de no ser aceptado, aislamiento, hipersensibilidad, retraimiento social
  • Falta de colaboración con la familia, problemas en el entorno familiar
  • Descuido del aseo personal y autocuidado
  • Tristeza, anhedonia (falta de motivación y disfrute)
  • Cogniciones distorsionadas sobre sí mismo y sobre el entorno (autorreproches, disminución de la autoestima, autoimagen negativa). En ocasiones piensan acerca del suicidio.
  • Es frecuente que, en la adolescencia, el trastorno depresivo se presente asociado a trastornos disociales, trastorno por déficit de atención e hiperactividad, trastornos de ansiedad, trastornos de la conducta alimentaria o trastornos por abuso de sustancias.

¿Qué hacer ante un niño o un adolescente con depresión?

Lo primero a tener en cuenta es que las causas de esta situación pueden ser múltiples, y por tanto, el abordaje referente al tratamiento también ha de ser múltiple, abarcando las principales áreas en las que el niño se desarrolla (principalmente la familia y la escuela).

Es de vital importancia en estos casos que un profesional lleve a cabo la orientación familiar, ya que los padres han de funcionar como coterapeutas, siendo aliados del tratamiento psicológico y manteniéndolo en el hogar.

Consejos para los padres

Ya sea de forma preventiva o paliativa, es interesante para los padres que conozcan estos comportamientos adecuados para llevar a cabo en familia, que pueden ayudar a reducir la depresión infantil:

  1. Fomentar hábitos saludables: hacer ejercicio, salir a jugar al aire libre, preparar comidas saludables, dormir el tiempo necesario, limitar las horas de televisión o de ordenador… Identifica lo que tu hijo ya hace para sentirse mejor o relajarse (escuchar música, arte, determinado deporte, algún juego o afición…) y foméntalo.
  2. Dar cabida a la expresión emocional: tener momentos a solas con tus hijos, elogiar su comportamiento positivo, reconocer sus fortalezas, permitir que exprese sus sentimientos y aceptarlos sin juzgar…
  3. Explorar cambios recientes en la vida del niño: a edades tempranas, cambios importantes como una mudanza, una emigración, la muerte de algún familiar o conocido, cambio de colegio… pueden provocar que el niño caiga en un estado de ánimo depresivo. Las reacciones de los niños ante este tipo de cambios varían notablemente en función de su edad, su temperamento, su apoyo familiar, su capacidad de afrontamiento… es útil buscar asesoramiento si el niño no parece superar estos cambios de forma adecuada después de un tiempo prolongado.
  4. Reducir el estrés en casa: en ocasiones, el propio hogar es una de las fuentes de mayor estrés y ansiedad para el pequeño. Es importante que el niño disponga de un ambiente seguro, donde pueda refugiarse y sentirse cómodo y tranquilo. Cuando las familias están pasando por malos momentos (desaveniencias económicas, problemas de pareja, problemas con los hermanos…) los pequeños se vuelven más vulnerables de sufrir trastornos de tipo depresivo. En este caso, es recomendable buscar apoyo adicional para los niños, si en el hogar no se le puede brindar.
  5. Ayudar al pequeño a enfrentar sus problemas: en lugar de enfadarse con él por su falta de energía y su constante cansancio, es mejor sentarse con el niño a explorar qué es lo que va mal en su día a día. Es importante no menospreciar los problemas del niño ni compararlos con “problemas de mayores”. Tampoco es útil darle al pequeño la solución, ni decirle qué es lo que tiene que hacer. Más bien, se trata de facilitar el hecho de que el niño encuentre sus propias soluciones, y motivarle a que las lleve a cabo para posteriormente evaluar el resultado. Así, estaremos enseñando a nuestros hijos estrategias útiles de solución de problemas y habilidades para afrontar las situaciones adversas.

Hay que tener en cuenta que, en ningún caso, este tipo de consejos pueden sustituir el tratamiento profesional de la depresión infantil, con programas especializados para tal finalidad. La depresión infantojuvenil tiene un buen pronóstico si se lleva a cabo un tratamiento adecuado y precoz.

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