Disfruta de la vida dejando a un lado los temores.

El temor es una respuesta totalmente sana, que nos pone en alerta y que nos hace actuar con prudencia cuando algo se escapa de nuestro control. En definitiva, se trata de un mecanismo de supervivencia y de defensa. Pero todo debe existir en su justa medida.

CAMBIA EL CHIP.

Cuando la sensación de miedo te domine e impida disfrutar de los buenos momentos, debes actuar.

No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy.

El miedo se alimenta de nuestros temores e inseguridades y cuanto más tardes en afrontar la situación que te amenaza, más miedo tendrás. La mente nos suele jugar malas pasadas y nos hace ver las cosas más difíciles de lo que son, así que no te lo pienses dos veces.

Pensamientos positivos como “el deseo vence al miedo” o “el miedo no me va a paralizar” pueden ayudarte en estas situaciones.

La vida es una caja de sorpresas.

Según el maestro budista Tulku Lama Lobsang, el miedo “es una resistencia a lo desconocido”. Si te esfuerzas en tener algo más de flexibilidad, dejarás de ver los cambios como amenazas.

Céntrate en el ahora.

Anticiparte a los problemas te hace ver peligros que puede que no lleguen a ocurrir. Ante esta tendencia, lo idóneo es centrarse en el presente sin dar vueltas a lo que pueda suceder en el futuro, que es imposible de prever.

Una nueva perspectiva.

Las personas pesimistas que acostumbran a ponerse en lo peor, tienen que generar más pensamientos positivos.

Cada vez que tengas una idea catastrofista, debes imaginar que ocurre justo lo contrario. Lo que intentamos con este hecho, es ver hasta que punto nuestro punto de vista particular puede distorsionar la realidad, acercando o alejando nuestros temores.

Hormonas a raya.

Los temores disparan las que podríamos denominar como hormonas del miedo, que son las que activan el estado de alerta. Para evitar que no ganen terreno, habría que segregar más hormonas del bienestar, y la forma de hacerlo es disfrutando de los placeres de la vida como reír, conversar o hacer el amor.

CONSIGUE EVADIRTE.

En las situaciones de alta tensión, es necesario buscar actividades que desvíen nuestra atención, aliviando así nuestra angustia.

Explota tu creatividad.

Cultivar la vena artística pintando, bordando, etc, ayuda a disipar la tensión.

Haz deporte.

Hay personas que escapan de las garras del miedo haciendo ejercicio, ya que esto ayuda a dejar de pensar en las situaciones delicadas que estemos pasando.

Busca un entorno apacible.

Aunque parezca un tópico, el contacto con la naturaleza nos ayuda a encontrar nuestro equilibrio interior. Debes intentar, por tanto, hacer escapadas al mar o a la montaña, aunque sólo sea un día, para respirar aire puro y relajarte.

Publicado en Psicología