Dolor crónico por patología neurológica.

El dolor crónico neuropático es una afección reflejo de otra enfermedad neurológica subyacente, tal como un infarto cerebral o la esclerosis múltiple. Los expertos indican que este tipo de enfermedad irá en aumento debido al progresivo envejecimiento de la población.

El dolor neuropático se produce por un daño o trastorno en el sistema nervioso, debido a traumatismos, trastornos vasculares o metabólicos, cáncer, deficiencias nutricionales, artritis, diabetes, infecciones, esclerosis múltiple, tumores o lesiones en la médula espinal, o infarto.

Los síntomas de esta afección van desde sensación de quemazón, hormigueo o pinchazo,  la aparición simultánea de falta de sensibilidad o una especie de acorchamiento, al dolor ante estímulos habitualmente no dolorosos, como el roce de las sábanas o el contacto con otra persona.

Ansiedad, depresión y falta de sueño.

Los pacientes que sufren esta dolencia, presentan un significativo deterioro en la calidad de vida, y se asocia de forma frecuente a la depresión y a la ansiedad.

Hay colectivos que lo suelen padecer en mayor medida. Según la Asociación Internacional del Estudio del Dolor (ASIP), el 20% de los pacientes diabéticos, 25% de las personas con herpes zóster de más de 50 años, el 33% de los enfermos de cáncer y el 20% de las mujeres que han sufrido una masectomía sufren de este tipo de dolor.

El doctor Carlos Martín Estefanía, de la SEN, explica que este dolor motiva una alta demanda de consultas médicas y que afecta considerablemente a la calidad de vida del paciente, mostrando alteraciones de sueño, sintomatología ansioso-depresiva y un deterioro en el ámbito laboral y social.

Los antiinflamatorios no sirven.

El dolor neuropático no responde a fármacos como los antiinflamatorios, a diferencia de otros tipos de dolor. Por este motivo, se emplean otros grupos farmacológicos, entre los que se encuentra el de los neuromoduladores. Este tipo de fármacos se suele usar para tratar otras afecciones del sistema nervioso como la epilepsia o la depresión.

Se pueden usar también anestésicos y derivados opioides y, en casos muy seleccionados, incluso recurrir a medidas intervencionistas ocmo la radiofrecuencia o los bloqueos nerviosos.

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