El Alzheimer

La enfermedad de Alzheimer recibe su nombre del médico que la describió en 1907. Se trata de un tipo de demencia, es decir, una pérdida de diversas capacidades mentales. Su frecuencia suele aumentar con la edad. Se estima que la padecen alrededor de un cuatro porciento de las personas a partir de los 65 años de edad, y un 27 por ciento, después de los 85.

Las neuronas del cerebro se degeneran y se destruyen por el depósito de dos proteínas anormales, que forman unas placas y una especie de ovillos.

Se desconoce el motivo de esta generación, y sólo es hereditaria en el diez porciento de los casos, aunque algunos genes predisponen a padecerla. Los factores que facilitan las enfermedades cardiovasculares, como hipertensión, colesterol algo y tabaquismo, también facilitan la disposición a padecer esta enfermedad.

Los síntomas aparecen de forma insidiosa, aunque progresiva, distinguiéndose tres etapas. En la primera etapa existe una pérdida de memoria reciente, pero también ocurre en personas saludables, por lo que la enfermedad se deduce si existen otros trastornos, como la dificultad para orientarse en el tiempo y el espacio, dificultad para hablar y cambios de humor.

La memoria va empeorando en la segunda etapa y el afectado tiene mucha dificultad para comprender cosas nuevas, sus reacciones son exageradas, repite las mismas palabras durante horas, le resulta difícil coordinar los movimientos y se cae con facilidad.

En la última etapa, el enfermo olvida el pasado. Deja de reconocer a los familiares pero capta las emociones y el cariño, balbucea, se agita, grita y llora. Suele tener incontinencia de orina y heces y no es capaz de sentarse ni de andar, dependiendo totalmente de los demás.

Investigadores del Hospital Clínico de Barcelona han comprobado recientemente que, en un tercio de los afectados, cuando tienen menos de sesenta años, la pérdida de memoria no es el primer síntoma, sino que antes aparecen otros trastornos, como de movimiento, visuales y del habla.

En la actualidad existen pruebas para diagnosticar la enfermedad antes de que los síntomas sean evidentes, ya que las lesiones cerebrales ya se producen, al menos, 10 años antes.

El diagnóstico precoz es de suma importancia, ya que se espera que los tratamientos sean más eficaces al comenzarlos antes.

Una resonancia magnética y un tac especiales permiten detectar estas lesiones. Un análisis del líquido cefalorraquídeo confirma el descenso de una de las proteínas que se acumula en las neuronas del cerebro en lugar de ser liberada, así como el aumento de la otra.

Además, como os comentamos hace poco, existe una herramienta online para detectar el Alzheimer.

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