El peligro de las borracheras repetidas en los jóvenes

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El cerebro de un joven puede recuperarse de una borrachera con relativa facilidad. Pero si estas se repiten, se puede perder permanentemente la capacidad de memorizar y aprender, ya que se produce un retraso irreversible en la zona de conocimiento.

Se ha demostrado científicamente que el alcoholismo provoca daños cerebrales irreversibles independientemente de la edad. Los jóvenes también pueden sufrir las consecuencias del alcohol ya que, aunque su cerebro se puede recuperar sin daños de una borrachera, si se repite todos los fines de semana, la capacidad para memorizar y aprender quedará permanentemente mermada.

Así se ha expuesto en el simposio anual sobre drogodependencias que se ha llevado a cabo en Bilbao y que organiza el Instituto Deusto de Drogodependencias y que, este año, ha sido dedicado al consumo de alcohol entre adolescentes y jóvenes.

El cerebro se desarrolla hasta los 21 años de media. En muchos casos, se aprecia cómo buenos estudiantes fracasan en la universidad por no poder aprender o entender lo que les dicen. Esto es debido a que el consumo crónico de alcohol causa alteraciones en la mielina, una sustancia responsable de la transmisión de impulsos nerviosos.

Para que un joven tenga la capacidad intelectual al máximo, es necesario evitar las borracheros y, sobre todo, repetirlas. También es recomendable evitar el consumo de alcohol con el estómago vacío, ya que, así, la absorción de alcohol es mayor.

Es importante informar a los jóvenes de estos hechos para que actúen en consecuencia.

Y es que, aunque siempre se ha bebido alcohol, el patrón de consumo se ha visto alterado con botellones de los fines de semana que se realizan sin ingerir comida. En dos horas, se puede machacar el cerebro y cuando este está en pleno proceso de recuperación, se llega al próximo fin de semana volviéndolo a machacar.

Es más peligroso consumir una misma cantidad de alcohol en un corto periodo de tiempo que distribuirlo en varios días, ya que así, se evitan los picos de alcohol en sangre.

El problema es que la adolescencia es un periodo muy crítico en lo que se refiere a los consumos de alcohol y otras drogas. Ya que el cerebro está todavía en desarrollo, los adolescentes son menos conscientes del peligro que supone y, cuanto antes se inicie el consumo, la zona del cerebro que se encarga de regir los estímulos, se hipersensibilizará, aumentando el riesgo de tener problemas de alcoholemia en una etapa de madurez.

Ciertos estudios establecen que si se empieza a beber con 21 años, el riesgo de sufrir problemas en la edad adulta es de un 5% mientras que si se empieza con 12, el riesgo aumenta hasta el 20%.

Debemos concienciar por tanto a los jóvenes de que eviten los atracones todos los fines de semana para evitar dañar permanentemente el cerebro y mantener la capacidad intelectual al 100%.

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