La ciencia explica por qué el estrés engorda

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La vida moderna nos suele poner en situaciones de gran estrés. Enfermedades, problemas de pareja, situaciones laborales exigentes o dificultades económicas son ejemplos de situaciones que suelen elevar nuestros niveles de estrés.

Ante estas situaciones, lo más común es que necesitemos darle a nuestro cerebro un estímulo positivo y éste suele ser la comida. Es más, suele ser lo primero que nos encontremos, descuidando nuestra alimentación habitual y sin preocuparnos por lo saludable que es lo que estamos ingiriendo.

Pero todo esto tiene una explicación científica.

Al someter a nuestro cuerpo a un estrés mayor al que solemos tener, suceden unos cambios fisiológicos reales. Las glándulas suprarrenales, encargadas de gestionar la reacción de nuestro cuerpo ante el estrés, interpretan esta situación como una amenaza y, como contra medida, nos indica que almacenemos calorías ante un posible desastre inminente.

A través de unp roceso de secreción hormonal, unas sustancias particulares se disparan a nuestro torrente sanguíneo y nos hace que se nos antojen alimentos más calóricos. Es decir, ricos en azúcar y grasas.

Esto se debe a que los carbohidratos simples con mucho azúcar, o las frituras, producen en nuestro cerebro un efecto distractor o reconfortante, mitigando temporalmente la ansiedad producida por la situación de estrés.

Y lo cierto es que es solo temporal, pues si esta situación no se resuelve, nuestro cuerpo seguirá pidiendo estas comidas “calmantes”, teniendo más y más ganas de consumirlas

Esta respuesta al estrés tiene que ver con la propia evolución del ser humano, ya que debemos aprender a protegernos de los extremos ambientales, soportando situaciones límite. Así, nuestro sistema suprarrenal se especializó en organizar una respuesta rápida para la que era necesario reservar energía. Y la forma más rápida era aumentando las calorías y acumulando grasas.

Pero claro, ahora nuestras prioridades son distintas y si es el trabajo lo que nos causa estrés, no podremos huir de él o de nuestras responsabilidades. Aún así, nuestro sistema intenta seguir combatiéndolo a base de calorías.

Esto produce un cóctel hormonal que, además, disminuye la función de la leptina, una hormona que está relacionada con la sensación de saciedad, lo que nos lleva a comer todavía más de la cuenta.

Y es que aunque ya no tenemos el peligro de que un depredador nos cace, sí que tenemos una gran cantidad de situaciones exigentes en nuestra vida diaria, convirtiendo el estrés en algo crónico.

Pero no os preocupéis, podemos romper este círculo vicioso.

El primer consejo que podemos daros es que no dejéis de comer, aunque parezca irónico. Y es que la solución no es dejar de ingerir los alimentos que nos pide el cuerpo, sino controlarlos y hacer que éstos sean más saludables.

También recomendamos que la ingesta se realice de forma más regular para ayudar a equilibrar los niveles de azúcar y alejar la tensión de las glándulas suprarrenales.

Realizando tres comidas principales y dos secundarias, nuestro cuerpo no necesitará prepararse para no morir de hambre y, por tanto, disminuirá los antojos de comida que engorda.

También es importante el momento en el que comemos, ya que nuestro cuerpo responde a unos ritmos que nos llevan a que, en determinadas horas, necesitemos más combustible que en otras. Lo idóneo sería comenzar con mayores cantidades de comida a primeras horas del día y luego ir reduciendo las cantidades a lo largo del día. De este modo, al caer la noche, nuestro organismo estará más regulado y preparado para un sueño reparador durante la noche.

Debemos evitar las tentaciones como dulces y cafeína que, al principio nos sacian rápido, pero en seguida pierden su efecto.

Sería aconsejable tener a mano siempre alimentos saludables y ricos en macronutrientes como proteínas magras, aguacate, frutas frescas, verduras, ajo o jengibre, lo que ayudará a apoyar el funcionamiento de nuestro sistema  suprarrenal.

Trata de desconectar. En este mundo donde todos estamos constantemente conectados, es poco común dejar a un lado la tecnología, pero alejarnos en periodos nos ayudará a reducir los niveles de estrés.

También es muy aconsejable realizar ejercicio en una medida apropiada. No podemos intentar combatir los excesos de una semana con un ejercicio extenuante. Es más, es contraproducente ya que, al hacer un ejercicio hasta sentirnos agotados, ponemos en tensión adicional nuestras glándulas suprarrenales, lo que nos llevará a comer más y almacenar más grasa.

Lo mejor es llevar a cabo actividad física de forma periódica.

Y como último consejo, os recomendamos divertiros. No dejéis que el trabajo y los problemas copen vuestra agenda. Trata de planificar los espacios de esparcimiento del mismo modo que se planifica una reunión laboral. Es más, la diversión y el esparcimiento es más importante que los problemas.

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