Lucha contra el sobrepeso.

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     No es sólo una cuestión de estética. Está demostrado que pesar más de la cuenta aumenta las posibilidades de sufrir varias dolencias que van desde diabetes a algunos tipos de cáncer, sin olvidar las enfermedades cardiovasculares.

     Lo primero que debemos saber es si nuestro peso está dentro de unos límites saludables, y en caso contrario, intentar solucionarlo.

     El porcentaje de españoles con sobrepeso es del 47%, y el 28% sufre obesidad. Datos muy preocupantes teniendo en cuenta que no es necesario sufrir de obesidad para tener problemas de salud. El exceso de kilos es siempre perjudicial, y ocasionalmente, el hecho de perder peso y hacer ejercicio puede mejorar significativamente nuestro estado general.

     La acumulación de grasa en el cuerpo altera ciertas funciones de algunos órganos. Al no quemar la grasa consumida, la vamos acumulando o bien bajo la piel, la denominada grasa subcutánea como por ejemplo la que se almacena fuera de la cavidad abdominal. O también tras los músculos, llamada también grasa visceral y que encontramos a mayor profundidad, rodeando los órganos. Ésta es mucho más perjudicial, ya que provoca unas reacciones que puede desembocar en dolencias graves como problemas cardiovasculares, diabetes tipo 2, etc.

     Normalmente el origen de la obesidad está definido por los hábitos alimenticios o sedentarismo, aunque hay una serie de factores que influyen también en su aparición, como la genética, el envejecimiento, los embarazos, el estrés, algunos medicamentos, ciertos problemas de salud como el hipotiroidismo, etc.

     Cuando no quemamos las calorías consumidas, éstas se convierten en triglicéridos y se almacenan en el tejido adiposo. Esta grasa nos puede afectar de varias formas:

  • Disminuyendo el colesterol bueno y obstruyendo las arterias, lo que aumenta el riesgo de sufrir hipertensión y perjudica el funcionamiento del corazón.
  • Hace que la insulina tenga dificultades para controlar la glucosa, facilitando la aparición de diabetes tipo2.
  • Provoca patologías en el sistema digestivo, como cálculos vesiculares, reflujo esofogástrico y cánceres como el de colon y el de páncreas.
  • Aumenta el riesgo de sufrir tipos de cáncer relacionados con las hormonas, como pueden ser el de mama y el de endometrio.
  • La grasa acumulada en el cuello puede provocar apnea del sueño.
  • Acelera el envejecimiento ya que hay estudios que demuestran que las células se oxidan más rápidamente por el exceso de grasa en el abdomen.
  • Puede provocar desgaste de las articulaciones de las rodillas, caderas y parte inferior de la espalda.
  • Aumenta las posibilidades de sufrir esterilidad tanto en hombres como en mujeres.

     Aunque perder peso no es fácil y requiere ciertos cambios en hábitos muy instaurados en nuestra vida y renunciar a pequeños placeres que nos producían una gran satisfacción, hay que tener en cuenta que el beneficio que obtendremos al conseguirlo es enorme tanto en lo que a la salud respecta como a la autoestima.

     La cantidad de peso a perder depende del Índice de Masa Corporal, aunque  lo recomendable es perder entre el 5 y el 10% del peso, reduciendo así considerablemente el riesgo de padecer enfermedades de las arterias coronarias y otros trastornos.

     La mejor manera de adelgazar es hacerlo lentamente, perdiendo una media de 500g – 1Kg por semana. Este ritmo es factible, saludable y además ayuda a no recuperar el peso una vez se haya perdido.

     La fórmula para perder peso es sencilla, tenemos que quemar más calorías de las que ingerimos, para de esta forma no sólo no acumular las calorías que tomamos, sino quemar también las que ya teníamos almacenadas. Por tanto, a parte de seguir un régimen bajo en calorías, es necesario realizar algún ejercicio físico para quemar la energía que sobra.

     La intensidad del ejercicio no es tan importante como el hecho de practicarlo con la mayor frecuencia posible. Es más eficaz realizar una caminata de media hora al día que pegarse una paliza corriendo una vez por semana. Por tanto, se aconseja que la práctica deportiva sea realizada como mínimo, tres veces por semana, siendo necesario que el tipo de actividad se adapte a la edad y forma física de la persona y consultar a un especialista médico por si un chequeo fuese necesario.

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