Supera el miedo al ridículo ganando confianza.

Nuestro objetivo no es alcanzar la excelencia, sino, mediante pasos cortos y seguros, alcanzar las metas que nos pongamos en la vida con confianza y dignidad.

El miedo a equivocarnos, hacer algo inapropiado delante de gente que no conocemos, decir una tontería y que alguien se ría de nosotros, o provocar una situación embarazosa puede resultar paralizante. La mayoría de las ocasiones sucede a personas con cierta inseguridad o tímidas, que temen asumir riesgos por miedo a mostrar una debilidad o defecto y que, en la mayoría de las veces sólo existe en su imaginación.

Según expertos, quien es muy exigente consigo mismo, o lucha por mantener una imagen impecable, teme por igual el ser juzgado por el ojo público.

Cambia tu punto de vista.

Baja las alertas.

El primer paso a seguir es bajar el nivel de alerta, y tratar de vivir la vida con mayor naturalidad. Tener cierta vergüenza es un signo de madurez en sí mismo, en contraposición al desparpajo y falta de pudor de los niños, o el arrojo de los adolescentes.

Es el sentido del ridículo, de hecho, lo que ayuda a encontrar el equilibrio entre el atrevimiento y la prudencia.

Pero si la vergüenza nos atemoriza en exceso, puede restarnos expontaneidad, o lo que es peor, bloquearnos.

Resta importancia a las opiniones ajenas.

La vergüenza se suele considerar la emoción de la inferioridad. El sentido del ridículo nos acecha cuando pensamos que las personas a nuestro alrededor pueden construir una opinión negativa de nosotros. Pero lo que piensen los demás no debe ser más importante que lo que en realidad somos. Recuerda que en este sentido, es mejor ser examinado que ignorado.

Ríete de ti mismo.

Cuando te intimiden las miradas, o te notes ruborizado, trata de buscar la parte cómica de la situación, y nadie te juzgará con severidad si reaccionas con naturalidad y buen humor. Lo más importante es proceder de manera que no nos sonrojemos ante nosotros mismos.

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